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La Metáfora Cinematográfica Perfecta

La Metáfora Cinematográfica Perfecta, de Andrea Gabrielli

(Articulo publicado en la Cartelera Turia #2947 del 24 julio 2020)

 

A menudo la pasión por el vino y la gastronomía son un claro indicio de una cierta sensibilidad hacia algo que va más allá de un simple disfrute de “lo bueno”. Comprender la magia de un maridaje, donde aromas, sabores, texturas y recuerdos se funden en una sola cosa, muchas veces difícil de expresar, es algo que eleva el espíritu, provocando una emoción que se acerca mucho a lo que experimentamos delante de una determinada música u otra obra de arte.

Esta sensibilidad, de carácter indudablemente transversal, hace que gocemos de la combinación de estos elementos, hasta llegar a los límites humanos representados por el así llamado síndrome de Stendhal. Sin querer llegar a los niveles de la “Éxtasis de Santa Teresa” del Bernini o las notas conmovedoras del inmenso Ennio Morricone, a quien aprovecho para recordar en estas líneas, el ejercicio de combinar factores emocionales para obtener un renovado placer es algo que experimentamos a menudo, a veces sin darnos cuenta. Eso ocurre muchísimo en el séptimo arte, donde imágenes y sonidos se mezclan con recuerdos, emociones y sensaciones inducidas directa o subliminalmente.

Tal vez por todas estas razones, la escuela de cultura vitivinícola Aula Vinícola, con la cual colaboro desde hace muchos años, empezó hace unos meses a pensar en organizar una clase magistral sobre “El Cine y el Vino”. La cinematografía está repleta de metáforas, donde el vino es el pretexto ideal para presentar los diferentes aspectos de la naturaleza humana.

En primer lugar, solicitó a Cartelera Turia su participación proponiendo a su director Pau Vergara que fuese el mismo quien presentase la masterclass con su pertinente enfoque de crítico cinematográfico y seguidamente decidió encargar a dos grandes expertos de ambas materias como el enólogo, escritor y director del Aula Vinícola Joan C. Martín y al sumiller, tastavins y periodista murciano José Sánchez Alcaraz, que prepararan dos ponencias. Para que todo esto tuviese además mayor efecto, se optó por un marco sin duda muy glamuroso y digno de una alfombra roja hollywoodiense, una sala del centralísimo Hard Rock Cafe Valencia (Av. Marqués de Sotelo, 6). De manera que, tras un primer intento fallido por culpa de la terrible situación creada por la pandemia, esta fiesta del vino y el cine se realizará el mismo día de la publicación de este artículo, viernes 24 de julio a las 19h (¡ojo con el horario que se modificó hace unos días!).

La cata de los vinos es tan mítica como las películas donde aparecen. ¡Claro que sí! Por lo tanto, nos dejaremos fascinar por el seductor savoir-faire del grande Connaisseur del vino de la historia cinematográfica, James Bond, con sus grandes Champagne Bollinger y su pasión para la nobleza de la solera de los estupendos olorosos de Jerez con alma centenaria. Dejaremos que Sherlock Holmes nos presente la magia de los vinos de Madeira y descubriremos el poder confortador de un grande vino de Oporto, como el que aparece en “My Fair Lady” (1964). No es casual que en el poster del evento figure una frase de esta emblemática película: “Tome una copa de Oporto, Pikering, le calmará los nervios”. Habrá espacio incluso para una serie (que tanto éxito tienen ahora), cataremos un excelente Saint-Émilion (Bordeaux), uno de los top wines del cineasta Francis Ford Coppola al tiempo que veremos varios documentales catando otros vinos de Rías Baixas, de La Rioja y de la Provenza. El programa repleto de inspiraciones, escenas y catas, estimularán sin duda la discusión y, estoy seguro, el más puro placer hedonista.

En definitiva, el vino en la gran pantalla como metáfora múltiple y diversa. Hay una escena muy significativa de una producción ítalo-estadunidense (de estas que solían llamar “kolossal”) “Ulises” (1954) con un magnífico Kirk Douglas, donde a la afirmación del cíclope Polifemo que el vino parecía sangre, él contesta que sí, que es sangre de la tierra. Es un poco el comienzo, el origen de un viaje épico donde el vino es el auténtico hilo conductor, símbolo de sabiduría, encanto, cultura, seducción, misterio y, al fin y al cabo, de la vida misma. Para rematar esta fantástica experiencia, se obsequiará a todos los participantes con una botella de Cordial Milenium Gran Reserva 1994 dedicado al célebre director de cine John Ford.

Una verdadera fiesta para todos amantes del cine y el vino poder disfrutar de esta cata, de las imágenes y del excelente trabajo de los ponentes. Si hay algún interesando de última hora puede llamar al 605 679 311 y apuntarse, seguro que no se arrepentirá.

Unos Twits en pleno Julio 2020

Aquí tenéis un par de twits que hablan (bien) de nuestros últimos eventos, los Jueves de Cata con Castelo de Medina de la DO Rueda y la Masterclass «El Cine y el Vino» en colaboración con la Cartelera Turia y Hard Rock Cafe Valencia.

 

La Vie en Rose

Este verano, como nunca, he sentido la irrefrenable necesidad de refrescarme e hidratarme sin parar. Quien me conoce, sabe que no soy un gran bebedor de cerveza y siempre me ha parecido una bebida tramposilla: parece que te quita la sed, pero después ésta aumenta y necesitas más. Mi remedio es el más clásico de todos, es decir, abundante agua fresca o, tal vez, un buen helado artesanal que además tonifica el cuerpo y la mente. Por cierto, hace poco descubrí una heladería fantástica en Altea, Tremonti (C/Joaquín Rodrigo n.3, Albir) donde he vuelto a disfrutar después de muchos años de helados de fruta maravillosamente sabrosos, buenos, sin nata (es decir cómo se hacían según la antigua tradición) y hechos con fruta de temporada. Todos los amantes de este maravilloso manjar deberían probar estos helados y, de paso, gozar del espectacular mar de la Costa Blanca.
Cuando llega el momento de ir a cenar, lo que más apetece es relajarse en una terraza acariciada por la suave brisa del mar en buena compañía. En estos últimos dos veranos he notado (con placer) la reaparición de un nuevo elemento “refrigerador” en las mesas de estas terrazas. Estoy hablando del vino rosado, que parecía totalmente olvidado por los consumidores en España y que ha regresado con fuerza, sobre todo gracias a la demanda de los turistas. Este tipo de vino era algo muy común en el pasado, pero las bodegas empezaron a disminuir drásticamente su producción porque lo consideraban poco rentable. En realidad, países como Francia (el mayor productor mundial del rosado, sobre todo en la región de la Provenza) e Italia siempre lo han elaborado y vendido mucho porque obviamente allí se demanda y consume. En España, hemos pasado con el aumento de la demanda de un 10% de la producción mundial (Francia produce casi un 50%) a un 24%. Los productores se adaptan a los gustos actuales y están proponiendo nuevos vinos con colores pálidos y elegantes que van desde un tono “piel de cebolla” al salmón y al cobre y, cada vez se encuentran menos los clásicos, tendentes más al color cereza brillante. Asimismo, se están utilizando botellas bonitas de diseño y etiquetas atractivas, cosa que ayuda mucho hoy en día para que la gente se anime. El consumo del rosado aquí debería ser algo natural, ya que tenemos una gastronomía que parece pensada expresamente para maridar con este estilo de vinos. Pienso, por ejemplo, en la paella valenciana, donde las carnes blancas de conejo y pollo maridan espectacularmente con su ligereza tánica y las verduras y las especias resaltan su sabor con la acidez y los aromas frutales de estos vinos. El rosé es un vino muy ecléctico que se adapta fácilmente a muchos tipos de cocina, desde un pescado al horno a un plato de pasta, arroz e incluso al sushi. Además, no hay que olvidar los rosados espumosos. Los productores de Cava están invirtiendo recursos en elaborar Cavas rosados utilizando cepas autóctonas y tradicionales como la monastrell, la garnacha o la trepat, además de la internacional pinot noir. En la Comunidad Valenciana hay rosados magníficos con una excelente relación calidad precio. La pasada semana comí en el restaurante de la bodega Heretat Casa Sicilia de Novelda, con cultivo biológico, y probé los dos rosados que producen, el clásico Cesilia Rosé 2018 hecho con merlot y syrah y el nuevo Cesilia Rosé “La Reserve” 2018, una garnacha impresionante, con matices especiados a clavo que acompañaron perfectamente a una fantástica cecina del bierzo y a un contundente y exquisito arroz caldoso con setas, conejo y caracoles que tomé a continuación. Si os gustan las burbujas (alegres y funcionales, ya que ayudan a limpiar la boca) el Cava rosado que más me ha impresionado últimamente es sin duda el Cava Brut Reserva Especial Rosé de Dominio de la Vega, elaborado con uvas pinot noir en la zona de San Antonio de Requena. Un vino “a tutto pasto”, diríamos en Italia, es decir, que vale para toda la comida. Elegante y fresco, a pesar de sus veinte meses mínimo de crianza sobre lías, es un vinazo que podría competir con muchos primos transalpinos. Por cierto, para todos los que estáis interesados en el tema, el viernes 6 de septiembre a las 19,30h en el Ateneu Cultural de Bétera tendrá lugar “El Jorn del Rosat”, una charla con enólogos y expertos a la que seguirá una cata de grandes rosados del Mediterráneo organizada por Aula Vinícola. Finalizaremos pues este mes de agosto viviendo “la vida en rosa” y disfrutando de todos estos placeres.

*Articulo publicado en la Cartelera Turia del 30 agosto 2019

Siete mujeres

En el año en que nací el gran John Ford estrenaba su última obra maestra (podéis así deducir mi ya “no tan joven” edad): “Seven Women”, traducido en castellano tal cual y por una vez literalmente con el título “Siete Mujeres” cuando se distribuyó en las salas españolas tres años después. Las heroínas de la película eran la legendarias Anne Bancroft, Margaret Leighton, Sue Lyon, Flora Robson, Mildred Dunnock, Anna lee y Betty Field. Un largometraje muy adelantado a su época donde el tema de los derechos de la mujer y de las minorías raciales empezaba a revolucionar la América reaccionaria del senador McCarthy y del Ku Klux Klan, y donde el gran cineasta pudo mostrar una ulterior, aunque innecesaria, demonstración acerca de su independencia intelectual libre de cualquier etiqueta. Unos años antes, Rosa Parks fue solo la chispa que despertó una conciencia social fundamental para que se llegara a una sociedad justa e igualitaria. En 1966 todavía no habían matado a Martin Luther King y el camino estaba aún lleno de insidias y muchas dificultades. Hoy en día creemos, o quieren que creamos, que vivimos en una sociedad donde cada ciudadano, independientemente de su sexo u origen, es igual ante la ley y la comunidad donde vive, pero las señales que percibimos en el panorama actual y que nos llegan desde la clase política son cuanto menos bastante contradictorias. No puedo ocultar mi preocupación y asombro al escuchar declaraciones de dirigentes políticos que quieren abolir la ley de género o negar que la violencia contra la mujer sea un problema social que necesita unas medidas oportunas. Además, yo mismo me muevo en un mundo, el de la hostelería y, sobre todo, del vino, donde lamentablemente la mujer ha tenido siempre muy poco espacio y un rol segundario. En todo esto pensaba yo mientras leía el programa del Curso Superior de Conocimiento Vitivinícola Tastavins 2019 del Aula Vinícola de Joan C. Martin (más conocido como “Master Tastavins”, aunque hablar de master hoy en día me da un poco de repelús). Me sorprendió muy gratamente ver una creciente presencia femenina en el cuadro de profesores. Un grupo de profesionales de absoluto valor y donde destacan seis mujeres con diferente origen académico y geográfico y que aportan un gran conocimiento y una sabiduría de altísimo nivel. Estamos hablando de Nuria Martí, ingeniera agrónoma y directora de la catedra de enología de la universidad Miguel Hernández, que colabora con la escuela desde hace varios años y donde se hace cargo de la compleja, interesantísima y fundamental lección acerca de los “procesos de crianza” y nos inculca su saber sobre el increíble mundo de los más famosos vinos generosos de nuestro país, “los vinos de Jerez”; Manuela Romeralo, una de las más reconocidas sumiller de España, campeona del mundo de cata de habanos y gerente de los restaurantes de Quique Dacosta en Valencia, imparte dos míticas e importantísimas lecciones: “los vinos del Rhin y la Mosela” y “La Champagne”. Sus clases terminan siempre con merecidísimos aplausos y ovaciones. Entre las new entries de este año, encontramos la ingeniera agrónoma y enóloga Carmen Egea, licenciada por la Universidad de Chile en Enología y con experiencias profesionales de absoluto valor como su colaboración con las famosas Bodegas Málaga Virgen, que nos hace descubrir “los vinos del Chile”. Kristel Backhoff, dueña de la bodega mejicana de Monte Xanic además de diplomada Tastavins, se ocupa de la asignatura sobre “los vinos de la Baja California” y nos ilustra con las maravillas de un territorio vinícola para la mayoría casi desconocido. La bióloga y Tastavins Virginia Martín se adentra en un campo bastante técnico pero necesario para quien quiera entender mejor la evolución de la especie en el campo vitivinícola gracias a su lección “Viticultura, selección de la producción vegetal”. Y, dulcis in fundo, la joven sumiller y Tastavins Carolina Llona, cuya asignatura es una de las más fascinantes del curso y que honestamente faltaba en el programa para completarlo de verdad: “características sensoriales del vino y sus maridajes”.
Seis mujeres que hacen único e imperdible uno de los mejores y más completos cursos sobre el vino que se hayan realizado nunca en Valencia y que ha llegado a sus 24 ediciones. Falta una mujer para llegar a las siete de John Ford, y falta también un paso más para que nuestra sociedad pueda considerarse efectivamente justa y equitativa. Confío en que todo llegará.

Publicado el 22 de febrero de 2019 en la Cartelera Turia.

Las raices de la humanidad

El sentido de la vida (suena algo pretencioso, pero en realidad estaba pensando más en la película de los Monty Python) está encerrado en el delicado equilibrio entre la natural necesidad de progresar, evolucionar, en fin, mejorar la calidad de la vida, pero manteniendo lo bueno que se ha conseguido hasta el momento. La tecnología nos ayuda en esta dirección y nos permite preservar los logros y los valores adquiridos hasta la fecha por la humanidad, evitando que se olviden para siempre. Este aspecto es particularmente evidente en la cocina y el vino, donde la gastronomía creativa (desde la “ya vieja” nouvelle cousine a la molecular) recurre a todo tipo de artimañas y artilugios para conseguir dar un nuevo enfoque y perspectiva a algo que ya conocemos. Los sabores, los aromas, los colores, las texturas e incluso los sonidos ya están en nuestra memoria genética o los hemos almacenado a través de nuestra experiencia, se trata solo de presentarlos nuevamente de forma diferente y si es posible, también sorprendente. Muy raramente nos inventamos algo totalmente nuevo, es decir, es imposible olvidarnos de nuestras raíces porque son nuestro origen y provenimos de ellas. Esta es la sensación que tuve la semana pasada durante las Primeras Jornadas de Fondillón organizadas exitosamente por el Aula Vinícola en Valencia (los días 14 y 19 de enero) y donde personajes del calibre de Rafael Poveda de las históricas Bodegas Monóvar, Rebeca Gago gerente de las Bodegas Santa Catalina del Mañán o Joan C. Martín, director del Aula Vinícola, nos reiteraron la importancia de las tradiciones. Este vino antiguo, que en tiempos de las grandes cortes europeas estaba considerado el néctar más preciado y costoso del mundo, ha sufrido una crisis profunda después de la plaga de la filoxera a principios del siglo XX aunque parece que finalmente comienza a levantar cabeza. Del primo hermano del Jerez, Porto, Madeira y Marsala el año pasado se produjeron poco más de 10.000 botellas (entre las de 0,75lt. y las de medio litro), una cifra ínfima que nos hace reflexionar. En el interesantísimo debate para comprender este trend no se ha llegado a una única conclusión ya que son muchos los factores que hacen que este fantástico vino de “evolución oxidativa” tenga tanta dificultad en calar y atraer al público de hoy. Quizás no estemos tan acostumbrados a este estilo de vinos, quizás por su precio más elevado (tened en cuenta que para realizar un Fondillón se necesitan varias décadas), quizás sea una cuestión de comunicación y de marketing o quizás de posicionamiento en el mercado. La idea propuesta más de una vez ha sido la de la necesidad de la creación de una Denominación de Origen Fondillón de Alicante, que le daría indudablemente la visibilidad y el prestigio que se merece. Muy interesante la opinión de François Rodríguez, dueño del restaurante Le Fou de Sagunto, que propone este vino generoso no solo como acompañamiento de dulces (su contenido de azúcar, su fantástica acidez y frescura hace que sea perfecto para ello y lo convierte en un vino de postre excelente), sino como aperitivo, para estimular el apetito, como el vinum absintiatum en la antigua Roma (base del moderno Vermouth). De hecho, durante la segunda jornada la charla se dirigió hacia el “peliagudo” tema de los maridajes, ya que siempre ha resultado complicado con este estilo de vinos. Parecerá increíble, pero hemos descubierto que hay muchísimas combinaciones como, por ejemplo, los quesos azules curados, las salazones, el jamón ibérico de bellota, el rabo de toro o unas simples gambitas de Denia también maridan de modo espectacular y sorprendente con este versátil vino que consigue adaptarse incluso a alimentos “difíciles” como las alcachofas o los encurtidos. No olvidéis que el fondillón es un vino, no un licor o un destilado, es la evolución de la uva Monastrell en botas de roble centenarias sin añadido de alcohol o azúcar. En la cata tuvimos el privilegio de disfrutar de 4 grandes: el Fondillón 1996 y el 50 Años de Bodegas Monóvar, el Solera 1948 de Primitivo Quiles y el Gran Mañán de Santa Catalina. Como broche de oro a estas jornadas y durante la misma cata nos llegó la noticia de que Joan Martín había recibido el “Ordre du Mérite Agricole” de la República Francesa. Una “légion d’honneur” del sector agrícola que hasta ahora había sido otorgada solo a otros dos renombrados valencianos: Rafael Janini y Pascual Carrión. Un gran orgullo para todos nosotros que compartimos su pasión y sus ideales. Enhorabuena amigo, ¡parece que los reconocimientos institucionales llegan también por los méritos!

Artículo publicado el 25 de enero de 2019 en la Cartelera Turia

El compromiso ético del Aula Vinícola

Hay ocasiones en las que se disfruta más cuando nos reunimos de manera improvisada y espontánea con personas que nos enriquecen y que hacen que una sencilla velada de amigos para tomar una copa de vino se convierta en algo estimulante e infinitamente interesante. Así ocurrió la semana pasada. Unos mensajes de whatsapp y unas llamadas de última hora y en un pispás acordamos quedar entre las nobles paredes de Casa Montaña cuatro miembros de la familia de la prestigiosa escuela de enología Aula Vinícola de Joan Martín. El primero en acudir fue John Maher, británico profesor de historia del vino en el Aula proveniente de la London University y editor literario. Seguidamente llegó Kristel Backhoff, mejicana propietaria de la bodega Monte Xanic en la Baja California, titulada Tastavins y en el Bordeaux International Wine Insititute y futura profesora de la asignatura de Vinos de América. Al poco acudió François Rodríguez, también Tastavins, francés y dueño del restaurante Le Fou de Sagunto y finalmente, yo mismo que me ocupo de transmitir mis conocimientos sobre los vinos italianos en el Master. Frente a una copa del Blanco de Monte Xanic, nos miramos y casi riendo nos dimos cuenta de que ninguno de nosotros era español. Tal vez, este mestizaje (preciosa palabra por cierto), sea la clave de la riqueza de esta escuela.

Uno de sus objetivos principales es la difusión de las diferentes culturas en un marco cosmopolita. En realidad el Aula Vinícola se ha internacionalizado no solo gracias a su plantilla de profesores, sino a una infinidad de alumnos provenientes de todas partes del mundo. Charlamos un poco acerca de la bodega de Kristel y de las dificultades que encuentra el vino extranjero en el mercado español. Debatiendo animadamente surgían uno tras otro muchos temas y John y François nos hicieron notar la gran diferencia que hay con Francia, donde el vino es literalmente un símbolo nacional. En España, desafortunadamente no hay una gran implicación a nivel institucional y el sector se encuentra en un contexto poco unido y donde los organismos oficiales no se comprometen en la defensa de algo que va más allá de un mero producto comercial. Interesante una observación de John, que resaltó el cómo internet ha permitido el acceso a productos de pequeñas bodegas que de otra forma serían imposibles de adquirir. Vinos que poco a poco están acaparando la atención de mercados como Italia, Francia o Inglaterra, el de los vinos naturales. Una tendencia hacia el regreso al origen, evitando la utilización de “añadidos” que poco tienen que ver con la viña y sus frutos.

En el Aula fuimos precursores presentando los vinos ancestrales del Cáucaso y Anatolia gracias al mismo John y a sus valiosas lecciones sobre la historia del vino. En España sigue habiendo desconfianza hacia este tipo de vinos, pero estuvimos todos de acuerdo en que es algo inevitable y que tarde o temprano también el gusto del consumidor español irá hacia algo más auténtico y que refleje más su terruño. Este es un mensaje estatutario en el Aula Vinícola: la filosofía del origen y la defensa de la ética alimentaria. Es algo realmente muy importante pues en ocasiones parece que nos estemos olvidando de nuestra salud y de nuestra cultura.

Mientras se descorchaba un “toscanísimo” Brunello di Montalcino del 2012, hablamos también acerca de la creciente importancia de la mujer en un mundo tan machista como siempre ha sido el del vino. Las mujeres no solo como un segmento de clientes (de hecho se crean etiquetas o se confeccionan vinos pensando sus gustos) sino que hay siempre más bodegueras que están demostrando una capacidad de gestión y una sensibilidad a menudo muy superior a la de sus colegas hombres. En Reino Unido por ejemplo, el vino ha entrado en los Pubs gracias a las mujeres. La perspectiva de que haya una oferta mayor de vinos por copa en esta ciudad también tuvo su momento. La verdad es que hablamos de muchas cosas, disfrutamos también de una botella de Ricardo, uno de los grandes vinos de México, producido siempre por la bodega de Kristel. Una charla muy amena y enriquecedora sin duda, tocamos multitud de argumentos. Hay que debatir, discutir, confrontar ideas y ser constructivos aun cuando se critica. Tener la mente abierta a lo que es diferente y no encerrarse en un contexto endogámico.

Esto es lo que el Aula Vinícola intenta transmitir, más allá del aspecto técnico y pedagógico. Aula Vinícola es también una escuela de vida y de valores que nos ayuda a crecer como hombres y mujeres del mundo. Por cierto, siguen abiertas las inscripciones al curso Tastavins 2018: lo recomiendo a todos, profesionales del sector o no y a todos los apasionados del mundo del vino. Contacto: tel. 637537170 o mail aulavinicola@hotmail.com).

 

*Articulo publicado en La Cartelera Turia el 11 de mayo 2018

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Básicos, monográficos y el curs superior vitivinicola Tastavins, más conocido como master Tastavins por el que se han titulado -con la XXIII y XXIV promociones que están finalizando en Murcia y València- ya 230 alumnos Tastavins.

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Aula Vinícola es una escuela privada de enseñanza, educación y formación vitivinícola y enológica, que imparte cursos de viticultura, cultura enológica, vinos, catas, geografía vinícola y enología. Fue fundada en Valencia por Joan C. Martín en noviembre de 1983.

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